
Rumbo a su trabajo la gente camina cabizbaja, ausente y con un semblante abatido que sólo muestra la inconformidad de su realidad. Sabe que, tras los resultados dados anoche, no le queda más que seguir; ir a su trabajo habitual, ver a la gente habitual; vivir en el país de siempre. La resignación se asimila como purga.
“Si la televisión hiciera presidentes…” fue el comentario que Enrique Peña Nieto dio a López Obrador al cuestionar al perredista sobre los gastos en comunicación social durante su gestión como Jefe de Gobierno. Si la televisión hiciera presidentes…
Respecto a lo dicho por Peña, Zabludovsky comentó en entrevista con Carmen Aristegui para CNN:
La televisión es un medio de difusión y de influencia en la opinión pública tan importante, que quizá no pueda hacer presidentes pero, sin el apoyo de la televisión, difícilmente alguien podría ser presidente.
Hoy muchos hablan de aceptar la democracia. Sin embargo, ¿se puede hablar de democracia cuando los mexicanos emiten su voto con sólo una percepción de la realidad? ¿Se puede hablar de democracia cuando 80% de la ciudadanía toma la información política de la televisión, misma que está al servicio del mejor postor? Llámenlo como quieran, pero no lo llamen democracia.
Lorenzo Meyer señaló en la mañana, “En los 50s, la televisión nace al servicio del PRI. ¿Es entonces posible transformarla?” La pregunta queda en el aire.
Por otra parte, Sartori habla de su teoría del “homo videns”, que nos plantea la importancia y el peligro de la opinión teledirigida. La televisión es la escuela de muchos y con ello lamentablemente se corre el riesgo de que el acto de ver anule el pensamiento.
Hoy, 2 de julio, los resultados de esta contienda están más que claros. En primera instancia, se castigó al PAN, pues mucho por lo que el partido había luchado se fue perdiendo en el camino, a tal grado de que su ex presidente calificó el papel de Acción Nacional como una “debacle”.
La izquierda creció y se ubica ahora como la segunda fuerza política. No obstante, la izquierda se desarrolló en este sexenio entre rencores y, a final de cuentas, no supo amortiguar y redefinir la figura de López Obrador.
Y finalmente ganó el PRI, este dinosaurio que llega al poder sin renovación ni modernización; al contrario, nos deja a un presidente previamente fabricado que tendrá que gobernar en medio de fracciones y descontentos. Como diría el titular del periódico Le Monde, “México vuelve a sus viejos demonios”.