Por Santiago Betancourt y Andrea Rivera.

No es fácil dibujar la forma de ser del mexicano si no es a través de la familia, está atada fielmente a ella.

A través del cine, no sólo retratamos la realidad, también es un medio en el que podemos transmitir historias de ficción, creadas, que sirven para entretener, para educar o para formar una ideología.

La familia en el cine mexicano, no sólo queda guardada en las cintas y negativos, configura y es configurada a imagen y semejanza de las familias que vivían o viven en las ciudades y pueblos de nuestro país. La sociedad cambió y las generaciones crecieron, pero familia y cine en México, siempre estuvieron de la mano.

Empecemos viendo cómo era el hombre en la familia mexicana. Vemos que desde el cine sonoro y casi hasta la década de los ochenta, la figura paterna es autoritaria. El jefe de familia es un dictador frente a los hijos y la esposa. Lo que el hombre diga se hace, se piensa y se cree y todo lo que no sea así es una falta de respeto.

La actitud del hombre es machista y misógina, ellos pueden hacer lo que se les antoje, nadie los castiga, ni les dice nada. Así, tienen muchas amantes y comparten la pasión con muchas mujeres. Tienen hijos fuera de su matrimonio, algunos lo reconocen, otros no. Conforme van pasando los años, la figura del hombre tiene ciertos cambios. Su esencia no cambia, pero el actuar de las personas a su alrededor sí. Esto nos hace pensar que quizá en algún grado, la sociedad mexicana ha ido cambiando para darle poco a poco un lugar más importante a las mujeres y a los jóvenes que cada vez con más frecuencia y en más cantidad, despiertan y se atreven a expresar sus sentimientos.

La otra figura que aparece sin falta es la madre. Amable, cariñosa y consentidora con sus hijos, siempre procura su bien; dedica su vida a atenderlos y a sufrir por ellos. Pero la madre, es también un personaje sumiso y manipulable. En el cine mexicano son constantemente maltratadas y menospreciadas por su pareja, el padre sus hijos, que llega a tratarlas como a un objeto, sin embargo, no dicen nada. Se arreglan, satisfacen, consienten o se quedan calladas si son maltratadas, siempre están atentas al humor y pendientes de lo que el esposo desee y ordene. Con la cabeza hacia el suelo responden y viven en la casa sin hacer algo que no sea atender el hogar.

Algunas madres cuidan a sus hijos y los educan mientras están en casa, pero otras los dejan en manos de las nanas, que aparecen varias veces en películas, sobre todo a finales de los cuarenta, otras ni los atienden y esperan a que entre hermanos se eduquen y crezcan.

Así, la vida en matrimonio trata sobre el padre que trabaja y mantiene a la familia, quien recurrentemente tiene más mujeres, familias e hijos. Pero el deber de la madre es dedicarse al hogar y a cumplir los deseos de su esposo. También resulta relevante mencionar que hay familias en la que alguna de las figuras, ya sea madre o padre hace falta, algunos porque murieron y otros porque abandonaron el hogar y se desentendieron de los hijos.

Después de estas dos figuras, aparecen los hijos. El número por matrimonio varía, eran familias grandes, por lo general entre cuatro y seis hijos, pero también aparecen hijos únicos, aunque no son un porcentaje importante. Cada relación padre-hijo es distinta, aunque predominan algunas características.

Entre las actitudes que se repiten en la relación padre-hijo, encontramos la preferencia sobre el primogénito o el primer varón. Es el heredero y el más estable: con carrera terminada, trabajo y quien además, menos problemas crea y con quien menos corajes tiene el papá. Una característica importante, es que a veces tiene más poder sobre la madre y manda sobre sus hermanos. Es la autoridad en casa cuando el papá no está.

Los demás hijos, varones, son reprimidos cuando cometen alguna falta y son los más liberales, quienes más rompen las reglas, pero tienen poca participación en la actividad familiar.

Las hijas, por otro lado, son educadas para servir y vivir en la casa. No a todas se les permite estudiar o trabajar. La hija más grande, es quien más ayuda en las labores domésticas, incluso llega a ser la encargada principal en la realización de ese trabajo. Actúan como esclavas de los hombres, cocineras, lavanderas y encargadas del aseo, suelen pasar toda la película con el delantal puesto, escoba en mano y la vida transcurre dentro de la cocina. Para ellas, sufrir también es una tarea importante, mientras viven en el hogar, su atención y actitud sumisa va enfocada a su hermano o hermanos varones y al padre. Al convertirse en adultas, se convierten en confidentes de las madres y sufren con ellas.

Las hijas más chicas no actúan libremente, no reciben educación y siempre son tratadas como a niñas que hay que estar cuidando tanto por los padres como por los hermanos.

Las reglas de la casa se aplican de manera más estricta en las hijas, no pueden tener novio, salir solas o atender la puerta si no hay nadie en casa; si la más grande realiza labores domésticas, las mas chicas son más libres y también, rompen las reglas, se escapan de casa, tienen novios y viven la vida a escondidas de los hombres de la casa.

Como hermanos, la relación siempre es buena, sobre todo en los hijos que no son los primogénitos. Se cuidan entre ellos y se guardan secretos, son mediadores entre sus otros hermanos y sus papás. Son muy unidos, en las buenas y en las malas.

Lo interesante de las familias mexicanas, es que no terminan en la parte nuclear, superan a los componentes esenciales. A menos que sean muchos hijos, siempre aparece más de un pariente extra: abuelos, tías, tíos, primos, suegros y demás, que si no viven con ellos, lo hacen muy de cerca. Su tiempo de convivencia es muy amplio, se la pasan con ellos, en su casa o platicando, son piezas claves en el desarrollo de la vida familiar .

La abuela inspira respeto y unión, es la mediadora de todos los problemas, su sola figura y recuerdo, hacen que toda la generación debajo de ella se comporte. De las “abuelitas” (comandadas por Sara García), se desprende toda la familia, aunque cuando juegan el papel de suegras, su actitud es completamente distinta: en lugar de ser mediadoras de los conflictos, son las que los inician y suelen ser muy metiches.

Los abuelos aparecen con menos frecuencia que las abuelas, su figura tiene menos importancia pero cuando están presentes son respetados y atendidos, aunque su rol ya no es dirigir a la familia.

Las tías aparecen como las que apapachan y cuidan a sus sobrinos, a veces hasta mejor que las mamás, pero también aparecen como las chismosas que ponen en evidencia las desobediencias de los hijos. Hay muchas tías “quedadas” que eran mal vistas. Aparecen las que nunca hicieron nada de su vida y otras que solamente no se casaron pero que trabajaban y mantenían relaciones afectivas estables.

Los tíos suelen ser confidentes de los hijos, por lo general son solterones irresponsables a los que les gusta beber y los juegos de azar, e incitan a sus sobrinos a llevar el mismo estilo de vida, aunque en el fondo se interesan por el bienestar de su familia.

Los primos no aparecen con mucha frecuencia,  pero cuando lo hacen suelen ser como hermanos para sus primos, comparten secretos y se cuidan.

Aunado a la problemática familiar y a las relaciones que existen entre sus integrantes, el factor económico juega un papel fundamental en el desarrollo de las familias del cine del país. En el inicio del cine sonoro, las diferencias entre las familias con dinero y las que eran pobres, resultaban muy notorias; los ricos solían ser malvados, sus familias no estaban unidas, había mucha infidelidad y las personas se movían de acuerdo a sus propios intereses en lugar de ver por los demás integrantes de la familia. Existen algunos casos en que los ricos no eran malos, sin embargo eran los menos y a pesar de tener dinero, no eran felices.  Mientras que los pobres, a pesar de las carencias que sufrían por la falta de dinero, se mantenían unidos, eran personas muy humildes y de buen corazón que siempre buscaban el bienestar de sus seres queridos.

Las películas de la década de los cuarenta nos venden la idea de que el dinero corrompe y daña, que la ambición que genera en las personas provoca el desmoronamiento de las familias y que tener dinero impide obtener la felicidad. En los años cincuenta y sesenta, la percepción del dinero cambia un poco con la aparición de una clase media, las diferencias entre ricos y pobres dejan de ser tan drásticas. De los setentas hasta la actualidad el ser pobre o rico no determina la bondad ni la humildad de las personas, sin embargo, mientras más pobre sea la familia, los problemas y el sufrimiento inevitablemente aumentan.

El género que predomina en las películas que tratan a la familia mexicana es el drama. Sin embargo, las películas cómicas aparecen como burla y crítica hacia los roles de cada integrante de la familia, en ellas podemos ver personajes y situaciones completamente exagerados. En algunas ocasiones, los papeles del hombre y la mujer son invertidos, las madres son las que llevan las riendas de la familia mientras que los padres son simples espectadores de lo que sucede en la casa.

Conforme van avanzado los años, las películas van reflejando cambios en la sociedad y por lo tanto, en las familias. Para empezar, las familias se van haciendo más pequeñas y cada vez hay menos hijos, el común se convierte en tener entre un hijo y tres hijos. Vemos en las películas más actuales, a una familia que actúa menos sumisa ante los padres, notamos a las mujeres y a los hijos disfrutando de una mayor libertad que se va acrecentando con los años.

Al pasar los años, las madres dejan el papel de buenas y abnegadas, ahora tienen más matices. También se presentan nuevos modelos de familias, aparecen más parientes putativos, hay padrastros y hermanastros que por lo general, son malas personas que buscan a toda costa obtener beneficios propios. También aparecen madres solteras, que son cada vez más independientes y tienen participación en la vida laboral. Ya llegando al siglo XXI, aparecen parejas homosexuales que incluso llegan a hacerse cargo de algún hijo.

Algo que resalta mucho en la evolución del cine mexicano es el aumento de la crudeza expuesta en la pantalla, con el paso del tiempo hay conflictos y situaciones mucho más violentas y explícitas. Cada vez las historias que nos cuenta el cine del país reflejan realidades más dolorosas y las familias que nos presentan no son modelos ideales sino antítesis de estos.

La familia en el cine mexicano es un tema tratado en prácticamente toda película en la historia cinematográfica del país, pues no se puede explicar lo que es un mexicano sin hablar de su familia ya que esta es la base y el núcleo de nuestra sociedad.

A lo largo de los años la evolución de las familias mexicanas ha sido muy notoria, el tamaño y los integrantes de la familia han ido cambiando para convertirse en familias más pequeñas que juegan roles menos exagerados pero que enfrentan situaciones más difíciles y crudas.

El surgimiento de la clase media marcó un parte aguas en la historia del cine mexicano porque le dio oportunidad a los hijos de estudiar y de conocer, de saber cuáles eran sus derechos y reclamarle al padre. El nacimiento de la clase media ayudó a eliminar la dictadura del padre en la casa.

El cine ha sido usado como medio de comunicación, de transmisión de ideologías, para retratar la realidad o para entretener. De cualquier manera, toma los elementos de la sociedad para poder alcanzar a su público.

El tema de la familia es muy recurrente en el cine mexicano, ya sea para mostrar la forma en la que los hijos se deben comportar hacia el padre, o para hacer una crítica en tono de burla de la vida dentro de la casa. Abunda el drama y la tragedia, las madres sufren y los padres abusan, los hijos rompen las reglas y las abuelas dirigen la familia.

La tipología de la familia mexicana es muy parecida en el pasar de los años, durante décadas los cambios fueron mínimos. Hasta casi llegado el siglo XXI empezamos a ver que las madres solteras, los divorcios y los amoríos reciben mucha mejor aceptación, y con ello, la vida en familia cambia. Las mujeres estudian y trabajan y ya no dependen del esposo, también pueden hacer su propia vida.

El papel que más cambios sufrió en el transcurso de los años, fue el de la madre, dejó de ser sumisa para convertirse en cabeza de familia. El papel de los hombres dentro de la familia también cambió, pero no por ellos, sino por cómo eran vistos y tratados.

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