Capital en movimiento: Nuestra amada ciudad capital, últimamente conocida como la ciudad donde se hacen reformas de manera más polémica: unión entre homosexuales, aborto, y  el ahora tan comentado tema de la prohibición de la Fiesta Brava.

Miles de ecologistas, y antitaurinos, han comenzado a hablar acerca de una eventual prohibición a las corridas de toros en el Distrito Federal, alegando que se fomenta la tortura, el sufrimiento animal, la violencia, y que las comparan, incluso, con el Circo romano.

La primera pregunta es qué sucedería si este espectáculo se prohibiera. Sin duda, viéndolo desde un aspecto económico, decenas de miles de personas se verían afectadas, ya que directa o indirectamente, obtienen un beneficio monetario de las corridas de toros. Ésto no sería válido si las corridas de toros fueran inmorales, como el tráfico de drogas o la prostitución.

Creo que vivimos en una sociedad libre, donde cada persona decide ir o no a una plaza de toros. Se quiere acabar con la libertad de poder asistir, alegando que eso es lo que quiere “la mayoría”. La mayoría tampoco es homosexual y sin embargo, se reconoce el derecho de cualquiera para unirse con quien desee, sea del mismo sexo o no.

Me parece una tremenda falacia decir que las corridas de toros promueven la tortura. Tortura implica el que un ser humano, o incluso un animal, sea sometido, y hecho sufrir sin cómo defenderse. Cosa muy distinta a lo que experimentan los toros, corriendo en completa libertad por el ruedo, embistiendo y luchando por su existencia. En ocasiones, vemos, que el toro es capaz de hacer sufrir al torero, ¿alguna vez el torturado hace sufrir al torturador?

Es indudable que el toro sufre, pero hay que distinguir un tema muy importante: El mayor anhelo de la lidia no es hacer sufrir al toro, el mayor anhelo es admirar. Admirar al torero en su completa inteligencia, entendiendo y adelantándose a cada uno de los movimientos el toro hará, para así, lograr cuajar una extraordinaria faena. Admiración a la bravura del astado, a su forma de embestir, única entre los animales.

La lucha es desigual, esto es muy cierto, el toro no tiene una espada, ni tres pares de banderillas para luchar contra el torero; mas sí tiene un par de pitones que hacen que cualquiera tiemble. Es desigual porque el ser humano usa la inteligencia para buscar dominar al animal, que con su fuerza bruta, podrá incluso matar al torero. La batalla será desigual, pero no desleal.

Me parece más injusto que un animal viva simple y sencillamente en un corral de uno por uno, esperando el momento en el que el hombre decida que ha llegado su hora. Un toro de lidia vive cuatro años en perfectas condiciones, en completa libertad en toda la ganadería, y después, tiene quince minutos para liberar toda su casta, toda su bravura, todo su arte, luchando por su existencia.

La tauromaquia no es una práctica sádica y barbárica; el propósito no es disfrutar del sufrimiento del toro, sino admirar al animal en toda su expresión.

A diferencia de muchas manifestaciones folclóricas, la fiesta de los toros está sustentada por un enorme basamento cultural. Nació en el siglo de las luces, incluso se dice que corresponde a un rito de pases juveniles en Micenas. Fue inmortalizada por pintores como Goya, Picasso, Monet, Dalí, Miró; y en la actualidad por Botero, Barceló, Arroyo, entre otros. En las letras por García Lorca, Camilo José Cela, Machado, Hemingway… y en la actualidad por Carlos Fuentes, Vargas Llosa, Florence Delay. En la música, por ejemplo, se tiene a Agustín Lara. ¿Si se prohibieran las corridas de toros en el DF, también se tendrían que prohibir estas obra de arte que, según opinan los anti taurinos, “promueven el sadismo y los actos inhumanos”?

Las peleas de gallos y las de perros, son manifestaciones que poco tienen que ver con la lidia de un toro. Esas sí tienen como único propósito nutrirse del sufrimiento animal. En una pelea de este tipo, en ningún momento existe la conjunción de la técnica, del conocimiento sobre el animal. No hay creación de la belleza, lo que no lo hace artístico. Además, no se nutren de una cultura ni una tradición tan grande como la de la tauromaquia.

El toreo es arte, porque se basa en la creación de lo bello. Comprende al toro, en lugar de torturarlo, admira al torero en unión con el animal. Es la mezcla de las artes plásticas, de la música, de las artes dramáticas…

Dominar al toro, el cual representa al enemigo. La tauromaquia es la única manifestación artística donde el ser humano tiene contacto directo con la muerte. Se reafirma como el único animal racional, ejerciendo dominio sobre la naturaleza. La muerte es lo obscuro, representada por el toro, pero la belleza, y la fugacidad del momento, logran superarla.

El toreo tiene que terminar en muerte, en darle muerte a lo oscuro, que representa al enemigo. Y es hermoso y bello porque al final, sí, nos damos cuenta de que todos moriremos, pero también celebramos, momentáneamente, el triunfo de la vida sobre la muerte… celebramos estar vivos.

Fotografía | Gonzalo Betancourt @gobeg

Jorge Hernández

Bibliófilo. Taurino. Obstinado. Políticamente incorrecto. Amante de los deportes y emprendedor social.


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