“Esperanzador” fue como definí al Movimiento 132 en otros textos. La idea de que un sector notable de la juventud mexicana despierte y salga de su zona de confort me pareció un hecho de gran importancia. La ilusión, al igual que el potencial del movimiento, me parecía enorme e imparable.

Ahora lo que tengo es miedo de que las exigencias y propuestas de los jóvenes queden sólo en una anécdota de esta aburrida elección presidencial. Mis pensamientos se dividen en cinco puntos.

  • El primero de ellos es el enorme monstruo acéfalo y heterogéneo que se ha creado. Fui a la protesta del miércoles en la que noté una falta de control propia de un movimiento que va empezando pero a la cual es importante ponerle fin. Se convocó con el fin de hacer una marcha pacífica, apartidista y que no afectara a los demás ciudadanos. Pero me encontré con una Estela de Luz mancha (aunque después otros intentaron limpiarla), con consignas en contra de Peña Nieto, y que ocasionó el cierre de Reforma. Entiendo que en la marcha sea imposible no gritar una consigna política y que la esencia del movimiento recae en lo que encarna Peña Nieto, por lo que muchas agendas convergen y ciertas exclamaciones consiguen hacer eco, pero el movimiento debe dejar de una vez por todas que esto no es a favor o en contra de un candidato y de manera tajante. Lo que me lleva al siguiente punto.
  • Tarde o temprano el movimiento deberá dejar de ser acéfalo y deberán surgir liderazgos y caras con los cuales el movimiento se deba identificar. Parece ser que esto está surgiendo con la creación de células universitarias específicas que en próximos días (en dos fechas convocadas, muestra aún de falta de coordinación) se reunirán para continuar dándole forma al movimiento. Pero aún así es una cantidad inmensa de universidades de todo el país que tendrán el interés de participar. Se tendrá que jerarquizar aún más este movimiento y deberá haber personas que den la cara por él, sobre todo buscando resolver problemas de legitimidad. Por ejemplo, cómo avalar un pliego petitorio hecho y publicado en la página de internet que arropa al movimiento que fue hecho por unos cuantos.
  • Ese pliego petitorio me parece que se queda muy corto con el potencial del movimiento y es señal de que, ante la falta de organización, los universitarios están muy lejos de entender el potencial y la evolución que han tenido en estas dos semanas. Hay cosas innegablemente válidas y necesarias como mayor competencia en medios televisivos y abrir espacios en los medios a producciones universitarias. Sobre la democratización de los medios me parece que hay un conflicto con el término, ¿a qué se refieren? ¿A que cualquiera pueda proponer contenido, que un grupo de ciudadanos dicte qué tipo de productos se necesitan? ¿O simplemente a medios responsables y transparentes? Porque los medios desde siempre han tenido su propia agenda y la responsabilidad y transparencia que piden no haría que se eliminen sus intereses, sino que los hagan públicos a la ciudadanía. No por nada son llamados el cuarto poder.
  • Y ya que hablamos de poderes, en la marcha y en diversos lugares se hace referencia a las redes sociales como el quinto poder, lo cual no es descabellado si vemos la evolución del movimiento. Todo inició en Facebook como una manera de coordinar la protesta original contra Peña en la Ibero, se conoció a través de Twitter, el descontento generó ahí mismo y hasta el día de hoy ha sido el medio que le ha dado relevancia a los estudiantes. Y es claro que aún no se dan cuenta del potencial que internet puede tener ya no sólo como un canal de comunicación sino como un medio de distribución. Están tan enfocados en la democratización, apertura y competencia de los medios tradicionales que se han olvidado de la importancia creciente que toman los medios digitales.
  • Le decía ayer un estudiante de la Ibero al presidente del PRI que los jóvenes “ahí seguiremos”. Pero, ¿cómo seguiremos? ¿Cuál es la lucha? ¿El movimiento que vemos tiene en la mira el primero de julio? Porque independientemente de las manifestaciones que se sigan dando y el éxito o fracaso que se tenga, alguien va a ganar la noche después de las elecciones. Me dicen los que están cerca de los organizadores en las escuelas que detonaron el movimiento que existe una agenda postelectoral, pero ¿cuál es? Es imperativo que se dé a conocer lo antes posible. Y si existe, ¿qué temas tratará? ¿Se enfocará en continuar con las exigencias que hemos visto o evolucionará? En mi opinión esa agenda postelectoral debe ir en dos sentidos: un mecanismo de vigilancia cercana a los compromisos y cumplimiento de los mismos del próximo gobierno y no sólo a nivel federal sino en todos los órdenes de gobierno y poderes del Estado; y en segundo lugar a proponer una agenda bien estructurada de temas que son de importancia para la juventud mexicana, pasando por temas desde educación, empleo, salud reproductiva y seguridad.

Estas no son verdades absolutas, pueden ser cuestionables y pueden estar equivocadas. Pero son las preguntas que como joven me hago ante un movimiento de un gran potencial que se encuentra en un momento único y que, al mismo tiempo, corre con la posibilidad de desvanecerse en la heterogeneidad de las voces que hoy claman un proceso electoral libre y democrático.

Imagen: Gabriel Rendón

Marco Antonio Gómez Lovera

Editor en Jefe de La Coctelera. Economista por la Universidad Panamericana. Escribo en Dinero en Imagen, Vivir México, alfProducciones y Bits en Imagen.


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