Es de sobra conocida la postura del Partido Acción Nacional en temas como el aborto y los matrimonios entre personas del mismo sexo. El pensamiento humanista que detrás esconde una clara filiación religiosa, hace que su postura sea rotunda e inamovible.

Así, ayer se presentó Josefina Vázquez Mota ante el Episcopado mexicano, los jerarcas de la Iglesia Católica en nuestro país, y fijó su postura en cuanto a estos dos temas. Está en contra del aborto, pero también en contra de la criminalización de la mujer. Dijo que ella proviene de un matrimonio entre un hombre y una mujer, es el único que conoce y el único que defenderá.

No es para menos que en Twitter, quienes forman parte de las corrientes a favor del derecho a decidir y de apoyo a la comunidad LGBT, hayan externado su desencanto en diversos niveles de expresiones; los más, desilusionados, o cuestionando dónde está la diferencia de la candidata panista, y otros con un discurso más enardecido. Mi opinión como panista y católico es que a los políticos identificados con la derecha social (o moral) les hace falta entender hasta dónde llega su postura personal en el ámbito político.

Hace unas semanas platicaba en una noche de copas bohemias en Coyoacán con un amigo, futuro sarcedote y gran conocedor de la teología católica, con quien coincidía en que la moralidad de los actos no implica que se huya de una legislación de los mismos. Me explico con la propia candidata.

La mayoría de las personas estamos de acuerdo en que el matar a otro ser humano es algo reprobable, los más pensamos que hacerlo en el vientre materno es algo terrible. Bajo esta misma idea, la candidata muestra su postura de que siempre estará en favor de la vida; por otro lado, también afirma que no debe criminalizarse a la mujer.

En primer lugar, el Estado mexicano no tiene la capacidad para procesar penalmente a toda mujer que aborte; en segundo lugar, hay crímenes más apremiantes que quienes abortan, muchas veces orilladas a hacerlo por la desesperación y en lugares poco salubres, en estados donde la legislación no lo contempla. ¿Qué es más costoso para la sociedad, una correcta legislación o la pérdida de vidas?

Y que quede claro que al hablar de una “correcta legislación” sobre el tema no hablo a la ligera, ni defendiendo el aborto, ni justifico a quienes deciden hacerlo.

Este tipo de legislaciones debería ser para disminuir los costos sociales, lo cual implicaría desde no criminalizar a las mujeres, pasando por el ofrecimiento de otras opciones distintas al aborto para quienes no quieren tener a sus hijos, una educación sexual con información completa desde la infancia, así como un debate más a fondo sobre otras implicaciones, como si el Estado debe ofrecer el servicio en sus clínicas (lo cual no creo). A esto me refiero con una “correcta legislación”, que creo es el paso que falta dar por parte de la derecha en el debate público.

Lo mismo pasa con el tema de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Sabemos que reproductivamente funcionamos mediante la interacción de los dos géneros, y sabemos también que la postura de la Iglesia, que parece compartir Josefina, se basa en la idea de la unidad entre hombre y mujer con fines de amor y también de reproducción. Para ellos eso es el matrimonio, pero para el Estado, quizá de una manera muy reduccionista en este análisis, el matrimonio no es más que un contrato entre dos personas que deciden conformar un núcleo social por así convenir a sus intereses, a su proyecto de vida. Y como todo contrato, el matrimonio implica del goce de derechos, mas también de obligaciones. Tanto en el matrimonio civil como el religioso, la unión de las personas implica apoyo mutuo y compromiso con el otro.

Dejando de lado el terreno religioso y enfocándonos en el civil, no soy abogado pero el matrimonio da ciertas ventajas legales, como lo es la protección en el sistema de salud, el reconocimiento como pareja y el derecho a la sucesión de bienes a la muerte del cónyuge, y otros más que seguro hay pero desconozco. Si dos personas del mismo sexo desean casarse por el civil suscribiéndose a este contrato, más allá de si es natural o no, si va en contra de la moral o no, o las creencias de otros, ¿no está en el mejor interés del Estado el reconocer el derecho de dos personas a estar sujetas a estos derechos y obligaciones por su propia voluntad? Porque más allá de si va o no contra ciertas ideologías, se trata de que el Estado otorgue condiciones de equidad para todos los grupos.

Hay que entender también que matrimonio religioso y civil son dos cosas completamente diferentes, que comparten ciertas características y fines, y el reconocimiento de diferentes instituciones con fines también muy diferentes.

A veces siento que a los políticos les hace falta darse cuenta de que su ideología no está peleada con el gobernar para todos y buscar el beneficio social. Que el estar a favor de la vida y en contra de las uniones entre homosexuales no se contrapone a legislar los temas buscando generar condiciones de certeza y equidad. Hay que dar un paso más allá de posiciones ideológicas.

Dos temas que sin duda dan para debatir mucho y que son difíciles de expresar, pero que son cada vez más apremiantes y deben resolverse con rapidez.

Marco Antonio Gómez Lovera

Editor en Jefe de La Coctelera. Economista por la Universidad Panamericana. Escribo en Dinero en Imagen, Vivir México, alfProducciones y Bits en Imagen.


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