¿Cuál es el problema de nuestra generación?
ACLARACIÓN: Si bien la realidad colombiana es distinta a la mexicana, no podemos negar que muchas de las siguientes características las podemos ver aquí. No pretendo generalizar por que sé que no todos los jóvenes universitarios son como yo o como la gente con la que he convivido. Es con mi propia experiencia con la que compararé estas líneas.
***
Ayer, miércoles, Camilo Jiménez renunció a su cátedra en la Universidad Javierana en Colombia. ¿Quién es este señor? No tengo idea, a mi timeline en twitter llegó el link a su post y curiósamente lo abrí para encontrarme de frente a una carta en la que exponía los motivos de su renuncia; quejas muy concretas sobre sus alumnos y la generación a la que perteneces: los nativos digitales. Y formando yo mismo parte de esta generación, siendo objetivo, me reconozco y reconozco a muchos amigos y compañeros entre las líneas que escribe.
¿Cuál es el problema de nuestra generación?
Reproduzco las palabras que usó, para poner la situación en contexto:
Un párrafo sin errores. (…) Se trataba de escribir un párrafo que condensara un texto de mayor extensión. Es decir, un resumen. (…) Donde se atendieran los más básicos mandatos del lenguaje escrito –ortografía, sintaxis– (…) Si tenía ritmo y originalidad, mejor, pero no era una condición. La condición era escribir un resumen en un párrafo sin errores vistosos. Y no pudieron. Está bien, no voy a generalizar. De treinta estudiantes, tres se acercaron y dos más hicieron su mejor esfuerzo. Veinticinco muchachos no pudieron escribir el resumen de una obra en un párrafo atildado, entregarlo en el plazo pactado y usar un número de palabras limitado, que varió de un ejercicio a otro.
¿De qué tipo de jóvenes está hablando? Como continúa diciendo en su texto, son estudiantes de Comunicación Social entre tercer y séptimo semestre; la mayoría estudió 12 años en colegios privados; algunos viajaron a otros países y conocieron a otra cultura; son hijos de ejecutivos; en casa siempre tuvieron una computadora, muchas veces con internet; ven televisión extranjera en sistemas de paga.
¿Pero es culpa de los alumnos? Camilo reconoce que quizá pueda ser su culpa:
No me he sintonizado con los tiempos que corren. Mis clases no tienen presentaciones de Power Point ni películas, a lo más vemos una o dos en todo el semestre. Quizá ya no es una manera válida saber qué es una crónica leyendo crónicas, y debo más bien proyectarles diapositivas con frases en mayúsculas que indiquen qué es una crónica y en cuántas partes se divide. Mostrarles la película Capote en lugar de leer A sangre fría. No debí insistir tanto en la brevedad, en la economía, en la puntualidad. No pedirles un escrito de cien palabras sino de tres cuartillas mínimo. Que lo entregaran el lunes, o el miércoles.
Pero el cambio no fue repentino, conforme los tiempos y la manera en que nos comunicábamos cambiaba, también los alumnos.
Desde que empecé mi cátedra, en 2002, los estudiantes tenían problemas para lograr una síntesis bien hecha, y en su elaboración nos tomábamos un buen tiempo. Pero se lograba avanzar. (…) Notaba un calibre más inquieto en los veinteañeros que estaban frente a mí. Más dubitativo. Más curioso. Había más preguntas en el ambiente. No encuentro otra forma de decirlo. Lo que siento de tres o cuatro semestres para acá es más apatía y menos curiosidad. Menos proyectos personales de los estudiantes. Menos autonomía. Menos desconfianza. Menos ironía. Menos espíritu crítico.
Y no sé si sea cierto que los jóvenes de antes eran más inquietos, pero he escuchado a varios profesores decirlo y recientemente he visto una parte de esto en mis clases. Sí, mis compañeros e incluso yo no participábamos tanto en las clases, eran pocas las ocasiones en que un tema nos apasionó tanto que preguntábamos en clase o incluso, que investigábamos por nuestra cuenta. De pronto nos desconectamos (en diferentes grados) del mundo real.
Debe ser que no advertí cuándo la atención de mis estudiantes pasó de lo trascendente a lo insignificante. El estado de Facebook. “Esos gorditos de más”. El mensaje en el Blackberry que no da espera. Debe ser que no me supe sintonizar para el momento en que La Tigresa de Oriente se volvió más cool que Patti Smith.
Y es cierto, conforme la tecnología se nos fue haciendo más accesible, escapábamos cuando podíamos a un mundo virtual. Si te asomas hoy a los salones de muchas preparatoria o universidades (por lo menos en las que conozco), no es extraño ver a los alumnos tuiteando, actualizando su status o chatenado en facebook, escuchando música, mandándose PINs…
Nunca he sido mamerto ni amargado ni ñoño, no me voy a engañar: a los veinte años fumaba marihuana como un rastafari y me descerebraba con alcohol cada que podía al lado de mis cuates. (…) Empeñé mucho, mucho tiempo en eso.
Quizá yo sí fui un poco ñoño, no fumo ni fumé marihuana, pero claro que me llegué a salir de clases, me fui a tomar cuando debía estar en la Universidad y con mis amigos, si bien no me “descerebraba en alcohol”, fueran varias las veces en que mi estado no era el mejor. Y sí, es normal en la juventud ir por el mundo haciendo locuras y estupideces en diversos grados. Pero todo cambia con la siguiente frase de Camilo:
Pero leía. Mis amigos veían películas como si se les fueran a salir los ojos. Podíamos discutir una hora, cuál de todos más copetón, si John Cazale era el Freddo de El Padrino y el compañero de Pacino en Tarde de perros. O en qué discos de Lou Reed había tocado el bajo Fernando Saunders. Esas cosas que no interesan. O sí. No sé, en esos tiempos lo importante, creo, era discutir, especular, quedar picados para buscar después el dato inútil. Interesaba eso: buscar.
Y es cierto. Acabamos de vivir en México un episodio sobre la lectura que ha sido sobreanalizado; y no voy a hablar de las estadísticas de lectura, ni de si todos los que criticaron son lectores asiduos. Hablaré de lo que vi. Y durante mis 4 años de paso por la Universidad fueron muy pocos los compañeros que cargaban en su mochila con algún libro por placer. Seré realista y pensaré que no todos cargan con sus lecturas a todos lados, pero las caras y comentarios cuando de una semana a otra pedía algún profesor leer unas 60 hojas de algún libro… ¡el horror!. “Es injusto”, “¿cómo quiere que leamos tanto en una semana?”, “¿cree que su materia es la única?”.
¿Y discutir y especular? Claro que había discusiones propias de la carrera que estudiábamos, era de esperarse (aunque no todos le entraban), esas discusiones eran las más; discusiones de temas menos relacionados de la carrera pero igualmente importantes o de cultura general era más difícil que se dieran, pero las había (insisto, no con todos). Y definitivamente había otro tipo de pláticas, las de cultura popular. Que si Lady Gaga esto o Angelina Jolie lo otro, y no está mal hablar de eso, es necesario, pero muchas veces no se pasa del simple parloteo mediático. ¿Qué ha llevado a las generaciones de hoy a no interesarse en ir un poco más allá?
Estoy por pensar que la curiosidad se esfumó de estos alumnos míos desde el momento en que todo lo comenzó a contestar ya, ahora mismo, el doctor Google.
Y sí, los nativos digitales sufrimos de una enfermedad que es presuponer que todos los conocimientos habidos existen en lugares como Wikipedia o que basta con preguntarle al dios Google. Lo cual, lejos de fomentar ocupar nuestro tiempo en descubrir algo nuevo, en hacer algo nuevo, en proponer algo nuevo, nos lleva a no hacer nada porque todo está al alcance de una tecla. Sí, en gran medida somos una generación mediocre y satisfecha con lo que tenemos. ¿Pero es todo culpa de la revolución tecnológica?
Es cándido echarle la culpa a la televisión, a Internet, al Nintendo, a los teléfonos inteligentes. (…) Es cándido culpar al “sistema”. Pero algo está pasando en la educación básica, algo está pasando en las casas de quienes ahora están por los veinte años o menos.
Al igual que cuenta en su post una anécdota con su sobrino, cuando a mi hermano le pregunto si lee algo más que los libros de la escuela, ha dicho que lee mucho en internet… ¡Hasta yo he contestado eso! Y la verdad es que si leemos en internet lo hacemos, como dice Camilo, “en medio del parloteo de las ventanas abiertas del chat, mientras se va cargando un video en Youtube, siguiendo vínculos”. Lo cual no es malo, de no ser por la idea final del recorrido por su experiencia:
Lo que han perdido los nativos digitales es la capacidad de concentración, de introspección, de silencio. La capacidad de estar solos. Sólo en soledad, en silencio, nacen las preguntas, las ideas. Los nativos digitales no conocen la soledad ni la introspección. Tienen 302 seguidoresen Twitter. Tienen 643 amigos en Facebook.
¿Y quién soy yo cuando tengo más de 54,000 tweets y al parecer sólo dejo de twittear cuando duermo? No soy nadie. Es cierto como nativo digital sufro de todos estos males. Sí, he notado que en clases no fui tan curioso ni participativo, que no he leído a muchos de los que se consideran “clásicos”, twitteo más de lo que debería, la falta de concentración no me ha permitido avanzar en mi tesis, mi teléfono nunca está a más de dos metros de mí… soy un nativo digital enfermo de esos vicios, como muchos otros.
Sí, somos una generación con problemas, pero hay esperanza. Así como hay muchos jóvenes que su completa apatía no les debería permitir graduarse de una Universidad, hay muchos otros con quienes puedes aventarte horas hablando sobre música, cine, política, o cosas tan locas como teorías de conspiración mundiales o política ficción mexicana. Aún hay jóvenes que si bien se la pasan pegados a su celular, también se toman un momento para tomar fotos, leer un libro, jugar con sus hermanos o simplemente escuchar las opiniones de los demás sin que les dé “hueva” lo largo o diferentes que sean a su propia opinión.
La clave está en saber aprovechar todo aquello que aparentemente nos está alejando y usarlo para acercarnos, claro que sin excesos. Supongo que si te tomaste la molestia de leer todo esto, eres de esos.
Sobre el autor
| Marco Antonio Gómez Lovera Economista con aspiraciones periodísticas. Editor en Jefe de este espacio. Colaborador en Vivir México. Ciudadano mexicano preocupado por el desarrollo del país. Cuando no escribo, leo; y cuando no leo, veo la tele. Follow @gomezlovera |



Culpar a Internet de que los alumnos pierdan interés en la escritura es como culpar a la imprenta de que perdieran interés en la caligrafía.
Muy cierto. No hay que pretender que internet aleja del todo pero sí es en muchos casos un fuerte distractor. Y al mismo tiempo es la mejor herramienta que tenemos hoy para hacer crecer la cultura.
[...] Mexico, Marco Gómez quotes and comments on[es] Jiménez's letter paragraph by paragraph, and writes that although his generation (the same [...]
[...] puts into question the whole “digital natives” notion. From Mexico, Marco Gómez quotes and comments on[es] Jiménez's letter paragraph by paragraph, and writes that although his generation (the same [...]
[...] Mexico, Marco Gómez quotes and comments on[es] Jiménez’s letter paragraph by paragraph, and writes that although his generation (the [...]
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